Words are wind

Raúl Cordero en Spazio22, Milán

/ 1 septiembre, 2017

Raúl Cordero presentó en Milán Le parole sono vento / Words are wind, ocho pinturas al óleo de diferentes tamaños, algunas de ellas organizadas en la disposición clásica del díptico o tríptico. Se trataba de una producción pensada para esta, su primera muestra personal en Italia después de haber aceptado la invitación del galerista venezolano Federico Luger, activo en la ciudad desde el 2005, y que recientemente comparte su propia sede expositiva con la Galería Pack, en un proyecto común que toma el nombre de Spazio22.

La exhibición de Cordero, abierta al público hasta el 28 de mayo de 2017, encontró espacio en una sala apartada, un ambiente contenido y de paredes espesas que fue el ex-caveau de un conocido anticuario. Las obras del artista se beneficiaron por tanto de una fruición más reservada y íntima, porque estan aisladas, acústicamente además, del resto de las salas adyacentes que acogen trabajos de otros autores.

Espero la llegada de Cordero en la observación atenta de las telas. Han pasado más de diez años desde nuestro primer encuentro en La Habana y desde entonces he podido seguir su recorrido solo a distancia. En aquel tiempo hacía una investigación sobre la producción vídeo-artística cubana y Cordero estaba entre los autores más prólificos de su generación. Sin embargo, ningún video acompaña esta exposición porque desde 2006 el artista decidió dedicarse de manera exclusiva a la pintura: “el lenguaje principal del arte” –subraya. Nuestra conversación se inicia con esta afirmación, y Cordero continúa: “Muchas tecnologías pueden ser tomadas en préstamo para expresarse artísticamente, pero solo el dibujo, la pintura y la escultura han nacido con este específico objetivo”. Ya en el pasado, comparando las características y los límites de lo audiovisual en relación con la imagen pictórica, el artista me confesó que seguía viendo en la pintura una gama más amplia de posibilidades para explorar y, lo que es igual de importante, una mayor arbitrariedad en la interpretación.

(…) Artista coherente y maduro, sus personales puntos de referencia son bien sólidos. Un legado conceptual es, por ejemplo, la inclusión del texto en la obra, operación recurrente en su producción. En sus trabajos siempre hay algo que leer: la palabra escrita, que puede presentarse aislada o como parte de una proposición de sentido acabado, se destaca en su pintura, resalta en el vídeo y acompaña las instalaciones fotográficas. La palabra, además, aparenta variados géneros de comunicación como historietas, subtítulos cinematográficos, carteles lumínicos, solución a juegos o enigmas, lista de instrucciones, etc…

“En estos nuevos trabajos, y desde hace algunos años, me interesa la letra escrita como ulterior elemento gráfico, de carácter abstracto, que se superpone a una imagen figurativa en una acumulación de sentidos”. El texto, que también constituye el título de cada tela, no es de fácil lectura porque los caracteres están trazados con una serie de puntos pintados de resina poliéster tan separados entre sí que no permiten un reconocimiento inmediato de las letras.

En los títulos de las ocho pinturas en exhibición cada frase se concluye con puntos suspensivos y eso hace que el espectador se pregunte si estos fragmentos de discurso puedan adquirir nuevos significados de acuerdo con su diferente combinación. Por otro lado, el gusto por el juego lingüístico ha sido uno de los rasgos distintivos del trabajo del artista, quien aun hoy prefiere eludir una interpretación unívoca de sus piezas, dejándolas abiertas a más opciones sin el auxilio de una explicación teórica. Cordero tiene interés, desde siempre, en investigar el dato adicional que la palabra escrita puede otorgar a la imagen, la manera en que los dos lenguajes se pueden integrar o chocar renunciando a cualquier yuxtaposición de carácter descriptivo. No necesariamente el texto aclara el significado de la imagen, mientras que la imagen no sirve para ilustrar el texto. Los dos sistemas de signos, lejos del completarse, quedan separados como el agua y el aceite. Esta imposibilidad de amalgamarlos evidencia problemas de tipo perceptivo en vez de sumergirnos en un relato. (…)

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