Solo detente a mirar…

/ 1 Marzo, 2017

¿Puede la pintura representar ideas, estados de ánimo o acciones como la meditación, la introspección, la contemplación interior, el desbloqueo de la mente hacia un flujo inconsciente de pensamiento, la abstracción o evasión de toda inmediatez práctica, la ascensión a un plano de intelección que trasciende el estímulo sensorial y la experiencia aprendida? Enfocando el asunto desde una filosofía de la representación, estas pudieran ser ideas o fenómenos cuya realización cabal, esencial o adecuada sería imposible de lograr desde un medio como la pintura. Por tanto, hablando en un sentido estrictamente kantiano, dichos constructos se convierten para la pintura en “objetos de lo sublime”, es decir, desbordan las capacidades representacionales del medio y, en consecuencia, escapan a la ambición cognoscitiva del arte, al menos de la forma pictórica. También Hegel hubo de señalar que no todo “estadio de la verdad” es susceptible de encontrar una expresión sensible acorde a su complejidad, no todo tipo de idea puede hacerse encarnar en una “forma bella”. De ahí que el filósofo del espíritu absoluto pensara que el arte tenía sus límites cognoscitivos, que son en su opinión los límites de la capacidad de sus medios de representación.

Sin embargo, es sabido que el arte ha luchado constantemente por ampliar sus límites, por expandir sus dominios, por convertir esos “imposibles” en sus propios objetos de representación. De esta manera, buena parte de la pintura vanguardista, como hubo de señalar Lyotard, se propuso retar al ámbito de lo sublime, convirtiendo dicho propósito en una idea programática; y he ahí cuando el medio logra algo extraordinario intentando trascender sus propios límites representando lo imposible, lo irrepresentable: el tiempo, la velocidad, la fuerza, la alienación, el inconsciente, la multiplicidad y simultaneidad perceptual de lo físico en un mismo plano, etc.

Cuando miramos las obras del joven pintor cubano Kamilo Morales, podemos experimentar que en su propuesta existe ese tipo de conflicto representacional. Forcejear con lo irrepresentable: ese es el reto que anima su investigación y su trabajo pictórico. Kamilo nos declara en sus statement y en algunos de los títulos de series y obras el influjo que ha tenido en su creación la filosofía oriental. Por el uso de términos como lugar, tiempo, espacio, rocas, satori, jardín Zen, meditación, contemplación, etc., es inferible que sus principales referentes visuales y conceptuales provienen del Budismo Zen. Pero desde el año 2014 hasta la fecha Kamilo ha ido recorriendo un camino, que aun es breve, pero que ya deja entrever ciertos cambios que evidencian una derivación desde la emulación o recreación perceptual de referentes como el jardín Zen, hacia composiciones más abstractas e indeterminadas. Kamilo, en su ejercicio de introspección pictórica ha desandado, sin mucha demora, el camino hacia la síntesis, se ha ido despojando de la carga codificada de lo figurativo, del referente evidente, para derivar en una abstracción gestual pero controlada, geométrica al tiempo que sensual, llena de vibraciones perceptuales pero contenida y hasta parca en color. (…)

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