La puta pintura

/ 1 marzo, 2017

La época en que vivió con desenfado, irreverencia y aventura Leonel López-Nussa, tanto en Cuba como en otros países, fue la segunda mitad del siglo XX. (…) En su carrera hizo lo que pocos podían atreverse a hacer, gracias a una gran capacidad para escribir textos críticos, dibujar, pintar, diseñar, viajar, cultivar amistades y extravagancias, y liderar una valiosa familia de músicos, arquitectos, licenciados, desde una modestia económica que le permitía no muchos lujos y que supo aprovechar, eso sí, en Latinoamérica, Europa y en especial Francia, otra de sus patrias preferidas.

Se le conoce como dibujante más que todo, y con cierta razón, pues le dedicó un libro a esa expresión que hoy algunos ignoran o no toman en cuenta en su justo papel. Afín al dibujo, supo hacer del grabado otra prolongación de su discurso estético. Dentro de tales expresiones los músicos, la música en general, se convirtieron en sus temas preferidos, casi en sus “caballos de batalla” domesticados hasta el cansancio (…). Pero López-Nussa fue, es, mucho más que esos personajes populares colocados por él en la geografía de las artes visuales en Cuba.

(…) No perteneció a grupos ni tendencias en boga. No firmó manifiestos ansiosos ni sintió a principios del siglo xxi los ahora presuntuosos deseos de circular sus ideas por las redes sociales, tampoco a través del modesto, y casi antiguo ya, correo electrónico. Disfrutó de una soledad fecunda, armado de libros, recuerdos y un oficio acendrado en múltiples direcciones. No fue un lobo solitario, ojo, pero se asemejaba a esta especie intelectual que ha recorrido con elegancia y sin descanso llanos y montañas de la cultura cubana. Recorrió caminos de la abstracción en los primeros años de la década del cincuenta, mediante obras de pequeño formato. Prefirió, por lo general, privilegiar el dibujo entremezclado con la pintura, asomado a ella como queriendo restarle protagonismo y ocupar así el espacio de cartones, masonites y telas con una austeridad pasmosa, tal vez en son de pasar inadvertido, echarse a un lado, ante la avalancha con que inundó La Habana el grupo Los Once.

Pero de a poco fue apropiándose de la figuración. De ahí su temprano interés por la historia de Cuba durante los años sesenta que le llevó a encomiar figuras prominentes de las guerras libertarias por la independencia de Cuba ante España: Gómez, Agramonte, Maceo, Martí, junto a mambises de variada estirpe y caballos piafando llanuras y montes rebeldes. Todos fueron objeto de su atención en óleos de mediano formato, con composiciones dinámicas para sobrevolar las dos dimensiones del espacio pictórico en plan de desborde. (…)

No obstante, no se dejó asediar por una sola forma, un solo tema o siquiera por una específica manifestación. (…) Se movía a sus anchas en las aguas turbulentas del dibujo, el grabado, la pintura, con pasmosa celeridad, pues brotaban en él ideas que requerían diferentes densidades significantes y estéticas. De tales gesticulaciones morfológicas derivaron obras donde el dibujo grueso y el color (en su mayoría grises, blancos y negros con algún relieve en rojo) se superponen en formas atrapadas por una determinada anécdota o situación en plan de contarnos una historia mínima para dar paso, posteriormente, a una formalización pictórica que ya en Latinoamérica se conocía como Nueva Figuración.

(…) De ahí también su apropiación del expresionismo europeo y del pop art norteamericano de manera indistinta, siempre y cuando conviniese a sus intereses, comunes entonces en ciertas zonas del arte universal y de Cuba durante los años sesenta (…). Salía de ellos con facilidad e impaciencia, nervioso, trastornado, tal vez influido por ese gran amigo suyo, Samuel Feijóo, uno de los “raros” en nuestra visualidad, con quien compartió elucubraciones estéticas y todo tipo de especulaciones intelectuales. (…)

Nelson Herrera Ysla

Nelson Herrera Ysla

Crítico de arte, curador, poeta. Co-fundador del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam y de la Bienal de La Habana, donde se desempeña actualmente como curador. Ha ofrecido conferencias en numerosos países y publicado numerosos textos críticos en publicaciones especializadas de Cuba y el extranjero. Autor de varios libros de poesía y ensayos. Curador General de la XVI Bienal Paiz de Guatemala, 2008. Jurado de Ensayo del Premio Casa de las Américas, 2005, y de eventos internacionales de arte en América Latina. Premio Nacional de Crítica de Artes Guy Pérez Cisneros, 2007, y del Premio Nacional de Curaduría 2013, ambos en Cuba.

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