La historia de un silencio

AICA en Cuba

/ 1 marzo, 2017

(…) En 1952, cuando se informa sobre una Asociación de Críticos e Investigadores de las Artes Plásticas en Cuba, había un campo del arte bien definido, un conjunto apreciable de ediciones masivas y especializadas en las cuales se incluía regularmente la crítica, una potente producción plástica, que se había exhibido en 1944 en el MoMA, un acumulado crítico-artístico que contaba con medio siglo de ejercicio, una nómina habanera de unas quince firmas reconocidas que desde diferentes soportes discursaban sobre las producciones artísticas.

(…) En el periódico El País de diciembre de 1952, y bajo el título de Propósitos, se le explica al público del arte y a los lectores que es la AICA, qué países ya pertenecían a la organización. (…) Menciona también las personalidades que integraban la AICA en aquellos momentos: Lionello Venturi, Romero Brest, Herbert Read, Jean Cassou, Crespo de la Serna, Johnson Sweaney, Seigfried Giedon, Gómez Sicre, entre otros. Seguidamente se expone que la AICA organizaba un evento anual en el que se enfatizaba en las iniciativas expositivas que se proyectaban teniendo en cuenta el país sede –así, en el Congreso de Holanda se realizó una exposición de De Stijl. Por último, se pasa a explicar los aspectos discutidos en el encuentro de Amsterdam: los derechos de los artistas, la superación de la actividad crítica de los miembros y los riesgos que corrían las obras de arte en su traslado de un sitio a otro y la imposibilidad de reponer las pérdidas.

Uno de los aspectos significativos es que la Sección Cubana de la AICA que se acababa de constituir se proponía organizar exposiciones de interés para la divulgación del arte. Además, la nueva Asociación expresaba la necesidad de agrupar a todos los críticos cubanos que hacían su labor periódica, a la prensa y a los profesores de Historia del Arte de todas las escuelas y universidades de artes plásticas. La Sección Cubana también llamaba a la unidad con el objetivo de realizar un trabajo conjunto para que se abrieran galerías de artes plásticas oficiales y privadas. Y se proponía además que las grandes tiendas tuvieran sus propios espacios galerísticos, que aumentaran los coleccionistas, en particular de arte cubano, que los edificios sociales y los clubs encargaran a los artistas cuadros de caballete y murales –para colgar o exhibir en las paredes–, que los creadores fueran protegidos por el estado y tuvieran trabajo. Y lo más importante, que los artistas se reconocieran como figuras cardinales de nuestra cultura. Se entendía que si la Asociación de Críticos e Investigadores alcanzaba estas metas habría cumplido su misión, y Cuba podría parangonarse con iguales jerarquías al lado de las naciones más cultas del mundo.

(…) Todo indica que la Asociación se disolvió en agosto de 1956. (…) Sabemos que muchas de las utopías planteadas no lograron cristalizar: líneas de acción, proyectos, discursos que solo pudieron llevarse a cabo cuando se reinscribió esta Asociación en la Isla en 1986, treinta años después, bajo la certera dirección de la Dra. Adelaida de Juan.

En la reunión de Caracas de 1985 se convocó a la Dra. Adelaida a que retomara en la Isla el capítulo cubano de la AICA. Una de las acciones significativas de la nueva Asociación cubana, a mi juicio, fue la instauración de los premios de crítica y curaduría, pues era la primera vez que se rendía homenaje a esta labor profesional. Incluso ella ha explicado como el término curaduría no estaba socializado, y la entrevistaron para que revelara en qué consistía eso de “curar”. El capítulo cubano de la AICA cesó en la última década del pasado siglo por razones económicas, pero se hizo un esfuerzo por mantener bajo diferentes formatos y coberturas algunos logros, como los premios de crítica y curaduría que tuvieron su génesis en la etapa de dirección de la Dra. de Juan.

Después de tantos avatares se reinscribe el capítulo cubano por tercera vez: 1952-1956, 1986-1990, 2016-. La “filosofía” cubana se asienta en dos pilares: el bolero y el refranero popular, y hay un refrán que dice “a la tercera va la vencida”, así que ahora la AICA llegó para quedarse.

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