In iniquitatibus conceptus sum

/ 1 septiembre, 2017

La propuesta artística de Luis Gómez es ciertamente intensa, consistente. Mas no lo fuera en igual medida, tomando en cuenta la irreverencia y mordacidad de la misma, si en su postura como artista Luis no mantuviese su cinismo y su compromiso. Este creador no ha vacilado en rechazar a patrocinadores, en no pisar el suelo de prestigiosos espacios expositivos, en fustigar a los que juegan desde la autoridad, en decir las verdades frente a frente. A Luis –todos sabemos– le temen tanto como a su obra. Es él un creador consecuente con su manera de hacer.

Y así, llegó al Museo Nacional de Bellas Artes. Claro, la accesibilidad a este se explica, en esencia, por la visión atinada de un nuevo director que extrañamente conjuga sensibilidad y poder. Resulta obvio que es menos peligroso y por tanto preferible para las instituciones cubanas y sus especialistas dialogar con artistas “políticamente correctos”, pero Jorge Fernández, afortunadamente, apuesta por el riesgo. La responsabilidad de crear un Laboratorio de Nuevos Medios en el Instituto Superior de Arte, la concepción de la muestra Ven y mea en mi puerta en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam y la participación en la 56 Bienal de Venecia son acciones con las que Jorge ha demostrado su confianza en Luis Gómez y que han precedido la entrada de este al recinto museístico cubano, sin para ello obtener el Premio Nacional de Artes Plásticas.

Ji, Ji, Ji (Apóstrofe) se denominó la muestra de Luis en el Edificio de Arte Cubano (febrero-abril, 2017). Esta conformó una suerte de trilogía junto a otras dos exposiciones: la ya mencionada Ven y mea en mi puerta (febrero, 2014) y Polite and B_Side (diciembre, 2014). Y digo trilogía, pues las tres exhibiciones mantuvieron no solo la misma línea de investigación, sino también similares operatorias, compartiendo incluso algunas de las piezas –que a veces fueron versionadas. En sentido general, el artista insistió en presentar el funcionamiento del sistema del arte actual en la Isla, las relaciones de poder y los conflictos de intereses que subyacen tras la producción y legitimación de una propuesta artística. Más que al mercado, como una entidad abstracta e impersonal, la mirada crítica de Luis Gómez –que él se empeña en sustituir por “apreciación personal”– iba dirigida a los actores dentro del circuito, ya sean coleccionistas, críticos, funcionarios, especialistas o los propios creadores, y a sus estrategias de manipulación.

(…) Ji, Ji, Ji… fue menos hiriente, más críptica que las anteriores, como acotarían muchos. La exposición en el Museo suavizaba un poco la burla sórdida de Polite…, combinándola con el reclamo que una pieza como Miserere, exhibida en Ven y mea en mi puerta, contenía. La referencia al apóstrofe, en tanto recurso retórico que persigue clemencia, interrumpía con patetismo el supuesto chiste. Se trataba otra vez de cinismo, un cinismo que no descuidaba detalle alguno. La concepción del catálogo, por ejemplo, obviaba la reproducción de las imágenes de las piezas para solo referir textos críticos en idiomas extranjeros (alemán, italiano…). El esfuerzo realizado por muchos para intentar descifrar las líneas posiblemente sería mayor que el empleado en comprender el propio gesto artístico –ausencia de pistas que quizás explicara el carácter críptico alegado. De cualquier forma, es evidente la intencionalidad del autor en discursar sobre el vicio del espectador al preferir las fuentes teóricas, así como en torno a la prevalencia de las mismas en la legitimación de una obra.

Ahora bien, el cinismo en Ji, Ji, Ji… iba orientado sobre todo a las instituciones, y en especial a las actuantes en nuestro contexto, lo cual no era de extrañar si las exposiciones previas se habían ocupado esencialmente del artista y del crítico-curador. Fueron la Galeria Continua, la Fundación Ludwig y el propio Museo de Bellas Artes en que se inscribía la muestra los centros más “perjudicados” –que no los únicos. (…)

PD: “In iniquitatibus conceptus sum” es un fragmento extraído del Salmo 51 conocido como Miserere. El verso aparece referido en latín respetando el idioma original en que fue escrito.

Marilyn Payrol

Marilyn Payrol

(Santa Clara, 1990). Graduada de Historia del Arte por la Universidad de La Habana. Profesora de Teoría y Crítica de la Universidad de las Artes (ISA). Es editora del sitio web de Art OnCuba magazine. Textos suyos pueden consultarse en Noticias de Artecubano y el sitio de Art OnCuba Magazine.

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