El orden de las cosas

/ 1 marzo, 2017

(…) “Yo no soy pintor”, enfatizó Rubén Torres Llorca en un encuentro que sostuvimos su estudio, con vistas a preparar su muestra personal en el Kendall Art Center, Miami. A partir de esta premisa nos adentramos en el tema. La conversación giró en torno a tópicos generales de la práctica artística contemporánea, inscrita en la desilusión y la pérdida de la utopía, que constituyen el sustrato de sus presupuestos conceptuales. Se refirió al cansancio histórico que detenta la creación estética y el desencanto que caracteriza al arte actual, entes que conforman los postulados estéticos de su visualidad y la dimensión teórica de su discurso.

La obra de Torres Llorca se asienta sobre una mitología personal que sustenta que la última etapa del arte conceptual constituye el ocaso del arte y que el postmodernismo y el arte contemporáneo pertenecen al post-arte. Por ende, los presupuestos teóricos de la creación actual conllevan a producciones asentadas sobre una maquinaria creada por el propio mercado del arte y el artista responde a sus exigencias para poder mantenerse activo. Aunque, a pesar de que esa realidad se entroniza, aun existe el antropólogo o héroe cultural, que en pleno siglo xxi escribe ensayos sobre el arte apegado al pasado, cuando la producción artística se concebía desde un acercamiento romántico y sin el sentido práctico que tiene en la actualidad.

Con el surgimiento del arte conceptual y de las novedosas estructuras que caracterizan la concepción estética de la era post-utópica, la práctica artística se asienta sobre un referente que sustenta la realidad ineludible del fin de la historia del arte y el artista tiene la imperiosa necesidad de reemplazar el sentido de su creación apoyado sobre todo en la seducción que aportan los propios exponentes.

Al referirme a la producción artística actual de Torres Llorca no puedo sustraerme de mencionar algunos exponentes suyos realizados en el pasado siglo. Me remonto a la mítica exposición Volumen Uno (La Habana, 1981) donde Rubén participó con un lienzo, Retrato de Fors, cuyo tratamiento artesanal fue utilizado también en la concepción de La boda (ambas pertenecientes a la Colección del Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana). Ambas piezas fueron realizadas con la estética inicial en su carrera, inspirada en la profesión de su madre, quien era costurera: superposición de elementos sobre el lienzo que enmarca el bastidor, con el objetivo de reforzar las imágenes físicas de los retratados, cuya concreción estética se consigue de una manera no esencialmente pictórica en cada exponente.

Otros dos relevantes ejemplos de su producción, que se exhiben en la colección permanente de Bellas Artes –Te llevo bajo mi piel, 1984 y Esta es tu obra, 1988– demuestran cómo su repertorio discursivo alcanza el clímax. Ambas constituyen paradigmas de su fuerza conceptual y teórica, al tiempo que resumen la magnitud de la trascendencia histórica de su legado cultural. Estas obras emblemáticas constituyen arquetipos de su acervo y referentes ineludibles de la energía que emerge de su estética; conforman un contundente resumen de la naturaleza artística, artesanal, icónica, escultórica e instalacionista de su producción.

Sucede que en el 2017 su mirada es otra. Es un artista culto, que ha llevado con éxito una fructífera trayectoria profesional. Su imaginario actual es más sintético, conciso y preciso. Actualizada con las tendencias del arte, su proyección se sitúa en la realidad objetiva de nuestro tiempo y su discurso se basa en la agudeza conceptual, expresada con tacto, sencillez y elegancia para formular el mensaje que quiere transmitir mediante la síntesis.

Círculos de fuego se centra en la sutileza creada por la repetición de un elemento circular, que domina la instalación e irradia energía al recinto al crear un ritmo peculiar que va marcando el paso del tiempo a través del recorrido propuesto. La reiteración de este motivo –realizado con distintos papeles– actúa como el eje rector de este proyecto. El círculo asume el protagonismo y se erige en hilo conductor de la historia contada. (…)

Hortensia Montero

Hortensia Montero

(La Habana, 1951) Master en Historia del Arte, Universidad de La Habana. Graduada de la Escuela de Museología, Museo del Louvre; de Museología General Contemporánea, Universidad París I; de Documentación y Archivo, Centro de Documentación de la UNESCO–ICOM, París. Desde 1975 es curadora de Arte Contemporáneo, MNBA. Fue Premio Anual de Investigación Cultural 2001, 2002 y 2003, Centro Juan Marinello y Premio Nacional de Curaduría, 2003 y 2006. Autora del libro Los 70: Puente para las rupturas. Profesora adjunta de la Universidad de La Habana.

Comments

Carlos Rodriguez Cardenas

26 mayo, 2017

Muy buena Hortensia Montero, Felicidades para ambos mundos.

Responder

Publicidad

  • Editor in Chief / Publisher

    HUGO CANCIO

  • Executive Director

    ARIEL MACHADO

  • Executive Managing Editor

    TAHIMI ARBOLEYA

  • Art Director

    LLILIAN LLANES

  • Editorial Director / Editor

    DEBORAH DE LA PAZ

  • Design & Layout

    VÍCTOR MANUEL CABRERA MUÑIZ

  • Translation and English copyediting

    MARÍA TERESA ORTEGA

  • Spanish copyediting

    YAMILÉ TABÍO

  • Commercial director & Public Relations / Cuba

    LUPE PÉREZ ZAMBRANO

  • Web Editor

    MARILYN PAYROL

Boletín de Noticias Art OnCuba

* Este campo es obligatorio