Carlos López: Un pintor olvidado de Michigan

/ 1 septiembre, 2017

En el período de arte moderno del siglo xx algunos artistas latinos participaron en los proyectos federales de pintura mural de los Estados Unidos. Estos proyectos públicos de arte estuvieron influenciados directamente por el movimiento muralista mexicano de los años veinte y treinta, tanto ideológica como estéticamente. En Michigan, a pesar del interés general en el ciclo de frescos Detroit Industry (La industria de Detroit) de Diego Rivera (1932-1933) en el Detroit Institute of Arts, el arte latinoamericano normalmente ofrecía menos comentarios sociales y más expresión individual que abarcaba un panorama de estilos y estéticas. Muchos creadores latinoamericanos no hacían referencia a elementos de su propia cultura en su trabajo, sino que en su lugar se inclinaban por el arte establecido en su búsqueda de un sentido personal. Entre los artistas establecidos que trabajaban en Michigan, Carlos López, nacido en Cuba (1908 o 1910-1953) fue uno de los pintores modernos más reconocidos en los Estados Unidos. Durante su vida recibió muchos encargos y premios prestigiosos. Retratista y paisajista con estudios superiores, López sirve de vínculo histórico vital conectando el arte moderno norteamericano de Michigan con una nueva historia latinoamericana. Como uno de solo unos cuantos artistas de Michigan, latinos o no, que recibían encargos de murales federales, López también hizo contribuciones importantes al desarrollo del arte muralista norteamericano gracias a sus murales históricos en Michigan e Illinois. Su trabajo permite comprender mejor la historia cultural de la presencia latina en Michigan, al igual que nos da una visión única de la cultura popular de los Estados Unidos. Por 20 años López jugó un papel influyente en la vida artística de Ann Arbor y Detroit como profesor de arte, artista y norteamericano dedicado, pero aun hoy, para el público en general, sigue siendo una figura enigmática en la historia de Michigan.

Carlos López nació en La Habana, Cuba, de padres españoles. Pasó sus primeros años en España, y a los 11 emigró con su familia a los Estados Unidos, donde recibió una educación artística típicamente norteamericana. López, artista versátil de calidad excepcional, pintó a su amada Michigan y adoptó el país en términos modernos, representando el nuevo espíritu del arte norteamericano de esos tiempos mediante sus obras y enseñanzas. López estudió primero con George Rich en la Detroit Art Academy y más tarde con Charles St. Pierre en el Art Institute of Chicago. También estudió bajo la tutela de Leon Makielski, paisajista, retratista y profesor de arte de la Universidad de Michigan. López expuso por primera vez en Detroit en enero de 1932; poco después fue director de la Detroit Art Academy de 1933 a 1937, y más tarde profesor de la Meinzinger School of Art de Detroit de 1937 a 1942. Tras una breve titularidad como instructor en la Summer School of Painting de Saugatuck, Michigan, en 1944, López finalmente se convirtió en profesor de arte de la Universidad de Michigan en 1945, y vivió en Ann Arbor hasta su muerte en 1953.

Maestro del óleo y la acuarela, compitió a menudo en la Michigan Artists Exhibition (Exposición de artistas de Michigan) y ganó una serie de premios importantes, incluida la Medalla de Oro del Scarab Club en 1938 por su pintura, Boy with Bow (Niño con arco), el estudio de un joven serio y pensativo tensando la cuerda de su arco de madera. (…) López se presentó a muchas muestras nacionales y del Estado, ganando más premios y reconocimiento de la crítica. Los premios locales incluyen el Premio Haan en 1936, el Premio de Arte Moderno en 1938, la Medalla de Oro de Scarab en 1938, y el Premio Kahn en 1940. Se destacó en las exposiciones de la ciudad en el Detroit Institute of Art, el Detroit Scarab Club y el Detroit Artists’ Market durante este primer período de su carrera. También expuso en la Golden State Exhibition en 1936 y en la Feria Mundial de Nueva York en 1939.

(…) Como profesor, Carlos López era conocido por su lealtad y devoción a sus estudiantes, quienes lo miraban con admiración y cariño. Tras su muerte, a su esposa inmediatamente le llovieron solicitudes de antiguos estudiantes de arte pidiéndole comprar sus obras. Por suerte para estudiantes y amigos, organizó en la Galería Forsythe de Ann Arbor una exposición y venta de su trabajo, que incluyó una colección de varios tipos de dibujos, algunos completados y firmados hacía poco, y algunos estudios para futuras pinturas. Han pasado décadas y Carlos López, artista norteamericano por excelencia, lamentablemente sigue siendo un pintor olvidado de Michigan, ignorado en gran parte por las figuras prominentes del mundo del arte. Aunque su arte está representado en algunos museos y colecciones privadas, López no ha sido celebrado en ninguna exposición de gran importancia desde su muerte prematura. Incluso su amada Universidad de Michigan, donde enseñó durante años, no ha exhibido el torrente de su fuente creativa. Así fue, hasta que este autor ayudó a organizar su exposición personal en la Universidad de Valparaíso en Indiana en 2016, donde el arte y la herencia hispánica de López atrajeron un renovado interés.

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