Carlos Estévez y el Theatrum Mundi

¿Destino o voluntad?

/ 1 diciembre, 2017

La tesis de la visión del mundo como un teatro tiene su origen en los pensadores griegos antiguos, particularmente en los diálogos de Platón, en los cuales reflexionaba sobre la semejanza entre los seres humanos y las marionetas; y acerca de la similitud que veía de la vida con la tragedia y la comedia. Esta filosofía ha trascendido al mundo contemporáneo a través de la frase en latín Theatrum Mundi, que significa El teatro del mundo. La frase se le atribuye al humanista del siglo XII Juan de Salisbury, a través de su libro Policraticus (o Statesman’s Book [Libro del Estadista]) (…)  Este documento a su vez se considera como el origen del lema del Globe Theatre (Teatro Globo) [1599-1642] construido por William Shakespeare, y conocido por ser el lugar donde presentó sus famosas obras de teatro(…).

Esta noción del mundo también sirvió de inspiración a los escritores españoles del periodo Barroco, como Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), quien titulara una de sus obras precisamente El Gran Teatro del Mundo (1655). La base de este concepto era la existencia de un Dios omnipresente que dirigía y determinaba la existencia de los seres humanos a partir de su voluntad, por lo tanto, el mundo era solamente un gran escenario en el que los hombres vivían de acuerdo a la disposición de un ser supremo.

Este es un tema que ha sido recurrente en la obra de Carlos Estévez (La Habana, 1969) (…) La primera instalación que hizo con este tema de la visión del mundo como un teatro fue La Verdadera Historia Universal (1995), exhibida en el Primer Salón de Arte Contemporáneo Cubano el mismo año; y más adelante adquirida por el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana. (…)

Uno de los componentes esenciales y tradicionales del teatro popular han sido las marionetas, las cuales implican la falta de control al ser literalmente manipuladas por alguien invisible desde un espacio superior. Estévez se apoderó de la fuerza comunicativa de esta metáfora para trasmitir el concepto del destino prestablecido. Lo ha utilizado a lo largo de su producción artística en varias ocasiones, y visualmente ha devenido en una especie de trademark de su obra. Podemos citar ejemplos desde muy temprano, en esculturas de finales de los noventas como Designios del Espíritu (1997) y Visionario (1998), que representaban al ser humano en sentido genérico como una marioneta cuyos miembros eran controlados por hilos.

(…) El concepto del teatro como escenario de representación, y como una forma de ‘contener’ una idea determinada también le sirvió como base para una serie de piezas que realiza entre los años 2007 y 2008, que consistieron en ‘cajas’, y que fueron exhibidas bajo el título de Hermetic Garden (Jardín Hermético), su exhibición personal en el 2008 en Pan American Art Projects, Miami. Cada una de ellas era como un pequeño escenario, como microcosmos dentro de la escala mayor que representaba la exhibición completa. (…) Estas piezas devienen en especies de relicarios que contienen claves para entender al artista y a su obra, donde se mezclan elementos de su vida cotidiana con otros seleccionados a priori.

De este grupo, quizás es Theatrum Mundi (2008) la pieza que epitomiza la noción que estamos dilucidando en su producción artística, ya que el titulo inmediatamente nos refiere al concepto. Pudiéramos valorar que sigue un acercamiento similar a La Verdadera Historia Universal, obra que podría considerarse como la predecesora en términos formales de esta solución de representar el ambiente del teatro tridimensionalmente de forma casi literal. Sin embargo, conceptualmente aquí deja a un lado el aspecto social y político para examinar circunstancias más filosóficas como son la falta de control de los seres humanos sobre su destino. Esta idea está representada visualmente por seis arlequines, los cuales encarnan la doble cara de la vida: comedia y tragedia; la dualidad que ya había sido formulada por Platón en sus mencionados diálogos.

La tesis de la falta de control sobre la vida se basa en la idea de Dios como el arquitecto que edifica y controla el destino de todos los seres humanos. Al explorar esta vía, Estévez nos presenta con la dicotomía filosófica entre voluntad y destino, el eterno enigma de si existen ambos, y cual prevalece. (…)

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