A propósito del bicentenario de la Academia de San Alejandro

/ 1 diciembre, 2017

Existe una tendencia a enfatizar las deficiencias y limitaciones del sistema educacional instaurado en Cuba a inicios del siglo XX y a rechazar de plano, la influencia que sus instituciones pudieron haber tenido en la preparación de los jóvenes que irrumpieron en la escena intelectual y artística del país, en el decenio de 1920.  Al menos esa es la perspectiva que ha prevalecido en el ámbito del arte, dentro del cual tuvo un particular protagonismo la Academia de San Alejandro.

Sin embargo, no se puede ignorar que dentro de sus aulas se formaron las primeras generaciones de artistas republicanos, tanto los que pretendieron garantizar la continuidad de sus modelos, como la mayor parte de los que se ocuparon de su renovación y que más tarde serían identificados como los introductores del vanguardismo en el arte cubano.

(…) Desde su fundación en 1818, fue una institución gratuita que primero estuvo bajo los auspicios de la Sociedad Económica de Amigos del País, hasta que en 1863 pasó a formar parte del sistema general de enseñanza. Fue entonces, al decir de Jorge Mañach, “cuando la ingratitud o la ignorancia cambiáronle el nombre por el de Escuela Profesional de Pintura y Escultura de La Habana…en contra de la inercia reivindicadora del pueblo”.[1]  (…)

Durante mucho tiempo, todos sus directores fueron extranjeros. El primer cubano que la dirigió fue Miguel Melero Rodríguez (1836-1907) pintor y escultor que adquirió celebridad no sólo por su obra pictórica en la que exhibió un notable oficio, sino fundamentalmente por su labor pedagógica y por sus aportes a esta institución al frente de la cual estuvo de 1878 a 1907.

(…) Habiendo obtenido el cargo de director de la Academia por oposición, se desempeñó como tal por casi treinta años, lo que le permitió ejercer una enorme influencia en las generaciones de pintores que le sucedieron, a quienes trasmitió su afición por los lenguajes propios del romanticismo y el realismo. (…) Se debió también a su iniciativa, la modificación del reglamento de la Academia que permitió el ingreso por primera vez a sus aulas del sexo femenino.

En 1907 falleció Miguel Melero dejando la dirección de la escuela a su antiguo discípulo Luis Mendoza quien se ocuparía de mantener los preceptos del viejo maestro. Miguel Melero quedó así inscrito en la historia del arte cubano y para bien o para mal, su huella permaneció vigente por mucho tiempo, aún después de que su presencia física desapareciera de los pasillos de la escuela.

Por este y muchos otros motivos, sirva este modesto recuerdo como sincero homenaje en el centenario de su muerte y como constancia del respeto que la Academia de San Alejandro le debe a quien fuera el primer director de origen cubano de nuestra bicentenaria institución.  

[1] Jorge Mañach, La pintura en Cuba, Club Cubano de Bellas Artes, La Habana, 1925.

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